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En gran parte de las culturas anteriores a la nuestra, moderna occidental, cuando una persona tenía una dificultad que no pudiese resolver o quería expandir sus posibilidades, solía acudir al piache, chamán, brujo o simplemente sabio de la tribu. Éste solía contarle historias de sí mismo y de sus antepasados y hacerle un conjunto de preguntas que llevaban a la persona que consultaba a encontrar sus propias soluciones o tranquilidad. Generalmente se trataba de alguien anciano que había recibido un largo entrenamiento desde pequeño para desarrollar tal sabiduría, amén de haber cuidado sus propios aportes y vivencias. Y esa ayuda resultaba posible porque, a grandes rasgos, lo que recién ocurría al consultante obedecía a costumbres, tradiciones y culturas largamente cultivadas a lo largo de muchas generaciones. Ahora el tiempo cambió.
El desarrollo científico, tecnológico y humanístico nos depara sorpresas a cada instante que se traducen en cambios bruscos y poderosos en todos los ámbitos de nuestra vida. Actualmente no basta con conocer las experiencias pasadas y saber cómo organizarlas adecuadamente. Ni siquiera el conocimiento técnico y profesional resulta suficiente. Necesitamos herramientas mentales, emocionales y comunicacionales que nos permitan movernos en ambientes de incertidumbre, de cambio y una gran flexibilidad adaptativa y transformadora. Desplazarnos por escenarios desconocidos y no sólo sobrevivir al intento, sino salir fortalecidos y enriquecidos. Es casi como si viviéramos en un mar lleno de olas y nosotros surfearamos continuamente sobre él. Las competencias y destrezas necesarias para responder con toda esa flexibilidad no son enseñadas en ninguna academia o centro de estudios profesionales, sino que generalmente son desarrolladas espontáneamente por algunas personas que acumulan cierta sabiduría para la vida, su manejo e interpretación y las relaciones humanas.
Afortunadamente, en forma privada generalmente, han surgido personas y grupos que recogen esta sabiduría del vivir cotidiano cambiante y de manera sistemática, organizada se dedican a transmitirla, mientras se generaliza su sentido y utilidad.
De esta manera surge el coaching, al aunar conocimientos de formas de interactuar para desencadenar actitudes de superación de problemas, aclarar destinos, comunicarse en forma armónica y efectiva. Además, con un inmenso sentido práctico más que académico o erudito. Las disciplinas que lo inspiran y sostienen son aún orla dentro de los estudios oficiales y sin embargo han llegado para quedarse, pues sus basamentos, aplicaciones y rendimiento son altos. En todo el mundo, miles de personas y organizaciones están formándose o asistiendo a consultas de coaching, apreciando cómo disponemos de un instrumental de pensamiento, interacción y acción cada vez más eficaz y rápido en sus aportes.
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